|
Jane Goodall: defensora de la igualdad |
Enviado por: admin el Miércoles, 13 de Octubre de 2004 - 06:58 CET
|
 |
Por primera vez desde que se fundó en 1981, un jurado compuesto entre otros por Juan Luis Arsuaga , la vicepresidenta del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y otros científicos españoles, ha otorgado el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2003, a una mujer, Jane Goodall, por considerarla pionera de la etología de primates en libertad, reconociéndola tanto la calidad de sus trabajos de investigación con chimpancés, como sus esfuerzos por conciliar el desarrollo humano con la protección de la vida salvaje en África y, de manera especial, en Tanzania.
Estos han sido los argumentos del jurado y ese reconocimiento a su labor por parte de España, hace que el trabajo que se lleva a cabo en la protección de los grandes simios, sea conocido en los países de habla hispana.
Jane ha recibido numerosos premios y otorgaciones a lo largo de su trayectoria científica. En abril del 2002, fue nombrada por las Naciones Unidas: Mensajera de la Paz. El pasado mes de abril recibió en Estados Unidos una de las más destacadas distinciones científicas del mundo: La Medalla de Benjamín Franklin, galardón que comparte con Albert Einstein, Marie y Pierre Curie, Thomas Edison, Jacques Cousteau, etc.
La candidatura para el Premio que finalmente se le ha otorgado en España, fue propuesta por el Embajador de España en Tanzania.
Fue en 1957 cuando Goodall entra en contacto con el Paleontólogo-antropólogo Louis Laekey que estaba llevando a cabo una investigación sobre los orígenes de la humanidad. Se encontraba muy interesado en el Mioceno y en los fósiles de primates “Preconsul africanus”, un tipo de simio cuyo hábitat era muy parecido al de uno de sus descendientes, el chimpancé y en concreto, un grupo que vivía en las orillas de lago Tanganika. Allí se encontraban 150 ejemplares protegidos.
Laekey la propuso realizar un estudio de campo de corta duración. Ella aceptó sin objeciones. En 1960 y desafiando los peligros de la selva, se trasladó a Gombe (hoy Parque Nacional) junto a su madre, para comenzar lo que al final resultó ser décadas de estudios sobre nuestros parientes más próximos, realizando numerosos descubrimientos basados en la observación de campo.
Era igualmente, la primera mujer que rompía los esquemas científicos dentro de la primatología de su época y pasó a ser criticada por el mundo académico, ya que no aceptaban que una mujer sin título fuera la encargada de realizar un estudio de campo sin ningún “rigor científico”. Louis, sin embargo, no le interesaban las credenciales académicas, de hecho, prefería que la persona elegida se iniciara en el trabajo de campo con una mente no influida por ninguna teoría científica, y en todo momento sus trabajos fueron apoyados incondicionalmente por Laykey.
En 1965 se doctoró en Etología por la Universidad de Cambridge, lo que la permitió acceder al mundo universitario que desde ese momento no hizo más que otorgarla distinciones y reconocimientos.
Debido a su paciencia y conocimientos científicos y a que Louis Laukey eligió sin saberlo el país africano políticamente más estable de los veintiún donde aún quedaban chimpancés; hoy sabemos más de su comportamiento en su propio hábitat.
Otros no han tenido la misma suerte. Los bonobos, otro gran simio parecido al chimpancé y en la que muchos investigadores le acercan aún más con el ser humano en su camino evolutivo debido a su comportamiento, no han podido ser conocidos en profundidad por vivir en una zona de conflicto armado continuado, que hace imposible establecer un campamento estable y duradero.
“Al mirar a un chimpancé a los ojos, vi una personalidad capaz de pensar y de razonar que me devolvía la mirada”, dijo Jane en su primer encuentro con nuestros primos hermanos. El primer chimpancé que la aceptó en Gombe fue David Greybeard, nombre que ella le puso, teniendo un encuentro tierno e inolvidable: “Mientras David y yo estábamos allí sentados, divisé en el suelo el fruto rojo ya maduro de una palmera de aceite. Alargué el brazo y se lo ofrecí con la palma de la mano. David me miró y se estiró para cogerlo. Lo dejó caer, pero cogió suavemente mi mano. No fueron necesarias las palabras para comprender su mensaje tranquilizador: no quería el fruto, pero habían entendido mi motivación, sabía que mis intenciones eran buenas. Aún hoy recuerdo la suave presión de sus dedos. Nos habíamos comunicado en un lenguaje mucho más antiguo que las palabras, un lenguaje que compartíamos con nuestros ancestros prehistóricos, un lenguaje que unía nuestros respectivos mundos. Y me embargó una profunda emoción”.
Descubrió el uso de herramientas sencillas en la población de chimpancés de Gombe y cuando envió a Louis un telegrama con la noticia contestó de inmediato afirmando que: “Ahora habrá que redefinir al hombre y a los útiles o aceptar que los chimpancés son humanos”.
En este sentido, Jane Goodaall pertenece al Proyecto Gran Simio (PGS), una Asociación que busca le sean reconocidos a los Grandes Simios (bonobos, chimpancés, gorilas y orangutanes) sus derechos a la vida, a no ser torturados ni física o psicológicamente y a vivir en libertad, protegiendo su hábitat. Ya en 1993, en el libro “El Proyecto Gran Simio – La igualdad más allá de la humanidad” coordinado por Piter Singer y Paola Cavalieri, su primer capítulo se titula “Los chimpancés: llenando el vacio”, en la que Jane explica sus experiencias y se une al movimiento internacional, donde en España ha tenido una buena acogida y actualmente existen grupos que trabajan por alcanzar los objetivos del Proyecto, con personal de voluntariado en Centros de Primates, sobre todo en Alicante y Madrid.
Goodall comenta en una de sus muchas intervenciones que: de todas las conclusiones que he extraído a lo largo de mis años de investigación sobre los chimpancés en Gombe, la que más fascina a cuantos las han compartido conmigo ha sido sin duda la cercanía de su conducta a la de los seres humanos: su destreza en la fabricación y manipulación de herramientas, sus estrechos vínculos familiares (que llegan a mantener a lo largo de toda una existencia de cincuenta años o más) o el complejo sistema interactivo que rige su vida social, en el que intervienen valores como la cooperación, el altruismo y la expresión de un amplio abanico de emociones. No sólo saben razonar, hacer planes para un futuro inmediato y solucionar problemas prácticos de índole sencilla, sino que su dominio de lenguaje de signos demuestra que son capaces asimismo de interpretar o emplear símbolos abstractos como vehículo de comunicación. Washoe fue capaz incluso de transmitir estos conocimientos lingüísticos a su hijo adoptivo.
Nuestra afinidad hacía ellos, algunos de sus gestos humanos que poseen el mismo significado para ambas especies (humana y simia), su ternura y su extremada inteligencia, nos hacen verlos con otros ojos y aunque externamente sigamos llamándoles animales, nuestro profundo yo, nos dice que son especiales, que tienen algo más, que sus ojos de mirada profunda nos reclama su protección y ayuda.
En aquellas culturas en la que los seres humanos han podido observar a los simios de manera habitual, han tenido una visión muy diferente a la cultura occidental. Así, el término malayo orang-után se le dan diversas traducciones tales como “ser razonable de los bosques” o “vieja persona de la selva”. El sentido de la palabra orang denota inteligencia, reverencia y respeto. Un mito de los dyak de Malasia dice que el orangután era una forma antigua de persona que sabiamente no permitió que los seres humanos supieran que sabían comprender por temor a que le obligaran a trabajar. Debido al estrecho contacto que mantenían con los orangutanes, los diak entendían que estas criaturas eran una especie de “personas”.
En Costa de Marfil, llaman a los chimpancés “hombres feos”; porque según su mitología, Dios creó a los seres humanos y los ordenó que trabajaran. Los chimpancés fueron lo bastantes listos como para desobedecer y por eso fueron castigados con la fealdad y desterrados a la selva, donde viven felices y sin obligaciones. Los pobladores de Guinea se refieren a ellos como numu gbahamisia o “persona distinta” y creen que humanos y chimpancés descienden de una misma especie. El pueblo baulé se refieren a ellos como “queridos hermanos”, mientras los bakwé no solo creían que eran primos hermanos del hombre, sino que solían enterrarlos de la misma manera. Los beté los denominan “hombre salvaje” o “el hombre que volvió a la selva”.
Los defensores de los grandes simios, avalados por numerosos estudios científicos entre los que se encuentran los realizados en Gombe por Goodall y por otros investigadores, aseguran que la semejanza con nuestros primos hermanos es importante y no debe de ser arrinconada en los escritorios del olvido que la ciencia suele tener. Es sabido que hay sectores religiosos, políticos, tecnológicos y diversas disciplinas morales, que no reconocen las capacidades que poseen los simios no humanos. Si así se hiciera, numerosos perfiles y planteamientos deberían de ser revisados y no están por la labor.
La semejanza mas evidente es quizá la capacidad lingüística. Durante mucho tiempo el lenguaje se considero como una característica exclusivamente humana. Sin embargo, hoy en día solo el prejuicio puede llevar a alguien a decir que la comunicación en Ameslan -lenguaje de sordomudos americano- entre Francine Patterson y los gorilas Koko y Michael, entre Lyn Miles y el orangután Chantek, y entre Deborah y Roger Fouts y la comunidad de chimpancés de Washoe, no implica el uso del lenguaje.
Interminables grabaciones de videos, que recogen las conversaciones de estos simios entre si y con sus amigos humanos muestran que son perfectamente capaces de aprender ingles o francés o el idioma que se les enseñe, siempre que puedan hacerlo sin usar unas cuerdas vocales y una cavidad bucal semejante a la nuestra. El hecho de que la dificultad sea fisiológica, no intelectual, queda demostrado por la velocidad a la que han aprendido a expresarse en lenguaje de sordomudos. Algunos también han aprendido a comunicarse mediante maquinas de escribir diseñadas para ellos o tarjetas marcadas con símbolos cuyo significado habían aprendido.
Si no existiese tal impedimento fisiológico y los simios pudiesen pronunciar todas las consonantes y vocales sin dificultad, probablemente se hubiese tardado menos en averiguar sus capacidades lingüísticas y también resultaría mas fácil que la gente, al oírles hablar en el idioma que usamos habitualmente, aceptase este hecho y sus implicaciones. Una vez mas, un detalle moralmente irrelevante como las capacidad de emitir unos sonidos y no otros (los sordomudos no tienen menos derechos morales que los demás, por no poder emitir tales sonidos) ha retrasado este descubrimiento científico y también la disposición del publico a aceptar que realmente los chimpancés, los bonobos, los gorilas y los orangutanes también hablan.
El lenguaje, o mejor dicho, la capacidad para el lenguaje no es una característica moralmente irrelevante, porque es un importante indicador de otras capacidades mentales como la autoconciencia y la capacidad de relacionarse con uno mismo como un ser que existe en el tiempo y esta conectado a un pasado y un futuro.
Tanto los chimpancés como los gorilas han sido observados “hablando solos” o “pensando en alto” de forma muy parecida a la de los humanos. Los ejemplos de este fenómeno, así como del uso creativo del lenguaje, para generar nuevos mensajes y describir algo real o ficticio son innumerables. Como ilustración, tomemos el uso de una palabra que muchos simios aprendieron de sus respectivos cuidadores: la palabra “sucio”.
A Chantek (orangután)le enseñaron esta palabra para que avisase cuando tenia ganas de ir al cuarto de baño. Al principio lo uso de este modo, pero luego empezó a emplear esta expresión para engañar a los demás y que le dejasen entrar en el baño y poder así jugar con el jabón, la espuma y la lavadora. Tener la capacidad de engañar es importante porque supone la capacidad de ponerse en lugar del otro y ver las cosas desde su punto de vista, para saber como llevarles a tener creencias o espectativas que no se corresponden con la realidad.
Washoe (una chimpancé), también desarrollo sus propios usos creativos de la palabra “sucio”: el insulto. Un día estaba entretenida mirando una revista tranquilamente cuando su hijo adoptivo Loulis al que ella misma espontáneamente le enseñó el lenguaje sordomudos- se la quito de las manos y salió corriendo de la habitación levándose la revista. Washoe se quedo sola gesticulando “Sucio! Sucio!”.
Un equipo de genetistas de Estados Unidos, encabezados por Morrís Goodman de la Universidad Estatal de Wayne (Facultad de Medicina) en Detroit, han descubierto que el chimpancé y el humano, comparte el 99,4% de los genes totales y del ADN en la secuencia molecular que contiene la información hereditaria, mayor de lo que se creía, por lo que han pedido públicamente que “los humanos somos primates similares a los chimpancés, pero ligeramente modificados, por ello pedimos que los chimpancés sean incluidos en el mismo género que el hombre, que sean considerados humanos”
Esta nueva afirmación, impulsa los trabajos de Godall y del Proyecto Gran Simio que están trabajando para que los grandes simios entren a formar parte de la Comunidad de los Iguales (bonobo, chimpancé, gorila, orangután y hombre), rompiendo la barrera de la especie. Estos defensores de la igualdad proclaman los Derechos de los Grandes Simios: a la vida, a no ser torturados no física ni psicológicamente y el derecho a la libertad. Numerosos hombres de ciencia, filósofos, juristas...apoyan esta iniciativa. Ya desde 1997, ocupaban los antropoides no humanos, el privilegio de pertenecer a la familia de los homínidos. El acercamiento entre las especies de homínidos se estrecha. ¿Vamos a cometer el grave error de tratarlos como simples animales según lo que entendemos por ese concepto y les vamos a dejar que se extingan? ¿No será que tenemos miedo de enfrentarnos a la realidad y por ello cerramos los ojos, característica habitual del ser humano?.
Hay datos significativos que nos deben de hacer reflexionar, tanto en el comportamiento humano de nuestros parientes cercanos, como en los datos evidentes que demuestran el peligro extinción. En 1960, cuando Goodall comenzó sus estudios, se estimaba la población de chimpancés en un millón de individuos. En el año 2000, solo quedaban 150.000, dato muy optimista. ¿Hoy cuantos quedan? ¿Y dentro de diez años?. La deforestación, su caza para consumo de carne, su cacería para centros zoológicos, el ébola, su propia guerra entre hermanos......desaparecen por momentos.
Otro reciente estudio demuestra que los chimpancés tienen una tradición cultural tan rica y variada como la de los humanos. Un Equipo Internacional de científicos dirigidos por el profesor Andrew Whiten, de la facultad de psicología de la Universidad St. Andrews en Escocia, reunió y analizó los resultados de 151 años de trabajo y estudios en siete poblaciones de chimpancés en toda África Ecuatorial. Esta investigación demuestra que existe una gran variedad de comportamientos. Cada grupo tenía distintos hábitos de higiene y diversos métodos de recoger hormigas, ver si los panales tenían miel, romper la cáscara de las nueces, arrojar objetos y amenazar.
Clasificando 65 patrones distintos de comportamiento, los científicos demostraron que existían 39 rasgos culturales comunes, habituales en algunos pero inexistentes en otros y no influidos por el entorno en el que vivían los chimpancés. El profesor Whiten reconoció: "Lo que es auténticamente increíble es que existamos las personas y los chimpancés desde hace millones de años, pero hasta hace 40 años no sabíamos muchas cosas del comportamiento de estos simios. En los distintos grupos de chimpancés estudiados, hemos visto que tienen distintos hábitos de conducta, de modo parecido a lo que podríamos ver en las poblaciones humanas”.
Goodall comprobó que usan y fabrican herramientas, que comen carne y que en ocasiones practican el canibalismo; que, aparentemente, utilizan plantas a modo de medicinas; que pueden transmitirse conocimientos, experimentar sentimientos como amor, celos o ira, y actuar de forma consciente y premeditada. “Tienen mucha inventiva -afirma Jane-. Realizan muchas actividades que no les son necesarias para sobrevivir”.
Debemos de buscar una forma en la que el hombre y las demás especies, convivan juntos, cada uno respetando la trayectoria evolutiva del otro y cuidando los ecosistemas que sostienen la vida en la tierra.
Su fuéramos capaces de aceptar que los grandes simios no humanos formaran parte de nuestra comunidad de iguales; si fuéramos capaces de romper la barrera del especeísmo y de esta manera tener una visión más amplia de la convivencia en nuestro globo azul; si tuviéramos la dignidad de dar este paso de humildad y sencillez..., tal vez el hombre, cansado de tanta violencia gratuita dentro de su misma especie, llegara a comprender de verdad que la defensa de la igualdad es el único camino por el cual el género humano podría dar un nuevo salto evolutivo hacia la perfección.
El reconocimiento a la labor de Jane Goodall en la otorgación del Premio Príncipe de Asturias por dedicar toda su vida al estudio del chimpancé en su propio hábitat y el habernos dado a conocer sus diversos comportamientos y estructuras sociales, acercándonos más hacia la especie viviente más cercana del homo sapiens; hacen que los defensores por la igualdad tengan más argumentos para acercarnos al mundo de los simios, a nuestro propio mundo.
PEDRO POZAS TERRADOS
PROYECTO GRAN SIMIO
Pedro Pozas Terrados
Secretario General
Proyecto Gran Simio - España
|
| |
|